En estos 18 años pasados he aprendido que los recuerdos son una de las mejores cosas de la vida y que los objetos materiales, incluso los amigos y personas que quiero, van y vienen, me abandonan. Sin embargo, los recuerdos siempre están ahí, nunca me dejan. La experiencia y los años me han enseñado que lo mejor de una amistad es el principio y que lo dífícil es mantenerla. Aprendí que todo tiene su fin, que antes o después todo se acaba y a veces cuando menos me lo espero y por mucho que intente evitarlo, no se puede. Con el tiempo he sabido apreciar los detalles, sí, esas pequeñas cosas que antes eran invisibles. Seguirán pasando años y momentos vividos, aprenderé que muchas cosas no tienen explicación, que por mucho que la busque no la encontraré. He averiguado que no es bueno acostumbrarse a algo o a alguien, porque como siempre, todo tiene un fin quiera o no y entonces terminaré echando de menos. Me gustaría que las buenas cosas no fueran tan breves y que durasen siempre, pero no puede ser así, claro. Cuando me quitan algo que deseo con todas mis fuerzas, lo paso mal y me hago daño. He descubierto que las rutinas son aburridas y que el día a día no es igual cuando te falta a tu lado esa persona que te hace reír en todo momento, aquella que está siempre conmigo en las buenas y en las malas, con sus virtudes y defectos. Porque nadie es perfecto. Otra de las muchas cosas que he aprendido es que elegir, es abandonar otras cosas, que continuamente tengo que estar elligiendo y dejando atrás cosas o personas que quiero. Tomaré decisiones en instantes inoportunos, eligiré la mayoría de las veces lo incorrecto y en miles de ocasiones me arrepentiré de lo que he hecho. Que las casualidades no existén y que mi felicidad depende de como yo quiero que sea. Y, ¿ mi mayor objetivo ?, conseguir una sonrísa cada mañana.
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